
Esta es la historia del querido Matteo, un amigo del Hostel, un Italo-Argentino, un viajero que siempre vuelve a su casa en Rosario (Inn).
Cuando en el 2006 vine la primera vez en Argentina, para mi empiezo a cumplirse un deseo que andaba germinando desde 8 años, de cuando en el 1998 habia viajado a Mexico
descubriendo en mi una profunda atracción por el Latinoamerica. Personalmente tenia mas aspectativas con respecto al conocer Chile, pero el projecto del viaje surgió junto a mi amigo Alberto, con el cual mas que con cualquier otro yo estaba compartiendo aquellos años de mi vida y Giulia, otra amiga de siempre. Los tres juntos decidimos de arrancar por Argentina y que después, de alguna manera llegaríamos en Santhiago del Chile.
Desde el momento en que aterrizamos en Buenos Aires ja sentía crecer en mi un sentido de
partecipacion, casi de compenetración con la realidad por lo poco que de la realidad de un país pueda comprender alguien recién llegado. Igual lo que me faltaba en conocimiento lo compensaba con el entusiasmo. Despues de una semana transcurrida en Buenos Aires, bajo la bandera de los excesos, decidimos dirigirnos al norte y fue asi que, después de varios días de vueltas, llegamos en Cafayate gracias a una sugerencia ofrecida de un artesano en Tucuman. Al llegar, viendo personas y carpas por todo lado y gente tirada en cada rincón, nos dimos cuenta que tenia que haber algo: habia, de echo, el Festival de las Serenadas, o algo similar, una fiesta de tres días de música tradicional y de borrachera. No se como encontramos lugar en un hostel, el Juahyra Sunhippy???????, justo en frente del estadio en que pasaban los recitales.

En la sensación de delirio, nos llamo la atención un grupito de tipos que no comprendía bien si eran huéspedes o si estaban trabajando, pero que, si, tenían onda. Sus nombres,como descubrimos en siguida, eran Juan Manuel, el Chiany, un petisito negro con pinta de recolgado, Diego Miguel, el Gitano, una montaña de musculos de 2 metros y Ezequiel, el Kelo, un rosarino con cara simpatica de rulitos y que, adentro de todo, parecia el mas “coherente”.
Pasamos allí un par de días alucinantes durante los cuales nos hicimos amigos con los chicos que se la estaban bancando cocinando en frente al hostel y que se confirmaron relocos. Entre todos, creo que de alguna manera tuvimos que sarpar en algo, porque Giulia a un momento decidió de irse hasta la costa de Chile, en Horcon, y de esperarnos allí.
Despues de unos días mas de reflexión nosotros decidimos de juntarnos con el Kelo, el Gitano y el Chiany, de alcanzar en Salta capital otro chico mas, Ariel (que allí estaba haciendo no se sabia que, pero algo) y de siguir, después, hasta la Bolivia, pasando por la quebrada de Humahuaca donde había el carnaval. No necesitamos mucho tiempo por darnos cuenta que de todos este Ariel era de largo el mas loco. Hasta dude en principio que podía tener directamente alguna tendencia criminal. De toda manera fuimos todos en otro hostel, El Corre Camino, para quedarnos unos días, juntar una plata cocinando de alguna forma en algún lugar:
estos días, sin entrar en los detalles, fueron de los mas extremos de mi vida, dignos de la atención de Terry Gilliam y de un imaginario “Miedo y asco en Salta”. Llegaron otras personas conocidas, chicas del norte Europa y otros mas que no me acuerdo; tampoco se bien ahora, cuantos días nos quedamos, pero a un momento el Chelo se fue, como obediendo a un instinto de preservación en un pueblo en los cerros. El plan era de juntarnos en Humahuaca. Despues un par de días Se fueron Chany y Ariel, no se mas porque y en siguida Alberto el Gitano y Yo. Nosotros viajamos directamente hasta la meta: Humahuaca. Si me había surprendido el quilombo en Cafayate era porque no me imaginaba lo que encontraría al carnaval. Solo con un milagro era posible conseguir un lugar. Y si un colchon tirado en cima a un cumulo de arena al medio de un ambiente totalmente cubierto de otro colchones, sin nada mas, bueno, entonces este milagro fue cumplido para Ariel y Chany que encontramos al medio de una masa humana enorme casi al toque. Nos habían reservado un lugar, tenían la misma novia entre los dos y entre los dos también un pedo por cuatro. Ademas, en poquísimo tiempo cruzamos también el Kelo que también tuve el privilegio de entrar en nuestra exclusiva residencia. En
todo esto, claramente pasaban como meteoras varios otros personajes de breve curso y que no mencionare tampoco… A pesar de la joda visitamos muchos lugares en la quebrada. Fuimos hasta en la Salina Grande y en Iruya y después casi una semana cruzemos la frontera en La Quiaca. Si no me equivoco saludamos al Gitano Ariel y al Chany ante de entrar en Bolivia. A parte el Gitano con quien me comunico cada cuanto por mail, nunca mas hube algún contacto con los otros dos chicos. Solo una vez, en San Juan dos años despues, conoci casualmente un amigo de Ariel que me cuento que Ariel había vuelto mientre Chany a lo que le resultava se había quedado en Colombia.
De Villazon decidimos de viajar por colectivo hasta Potosi, para siguir hasta Uyuni y cruzar el salar. Comprendimos pronto que la red de carreteras de Bolivia no era la misma que en Argentina y que la misma consideración era legitima con respectos a los transportes. El viaje hasta Potosi fue largo, tardamos toda la noche y a turno había que viajar en pie. Pero al llegar descubrimos una ciudad hermosa y característica. Rodeada de cerros y a 4000 metros de altura, monstrava su antiguo fasto, sus edificios históricos, sus calles angostas y pendientes.
Nos instalamos en una pension con un lindo patio donde conocimos un francés, Christophe, y dos daneses una de los cuales era una mina rubia y linda que se llamaba Nanna. Estuvimos casi 10 dias en total, días en los cuales se instauro un clima muy lindo de buena amisdad. Visitamos las minas, varias termas en los alrededores. Lo único negativo fue que, lamentablemente, caímos todos infermos del estomago, uno después del otro, con la sola exepcion del francés. Y cuando digo enfermos, quiero decir enfemos hasta a no poder viajar, hasta a ver nuestras noches trasformadas en melanconicos paseos de la cama al baño a la cama al baño, y hasta a necesitar un hospital por los dos daneses que ya tenían fiebre.
Pasado lo peor arrancamos por Uyuni todos juntos y con dos daneses mas. Recuerdo el viaje como algo de difícilmente aguantable, por la necesitad general , para no hablar de urgencia,de liberar su panza enferma. Pero llegamos y llegamos consientes que, ante de cruzar el desierto (lo que implicaba un plazo de minimo 3 dias) era fundamental recuperarse bien. En la espera había que bancársela en Uyuni que es una ciudad sin nada a parte el desierto de sal mismo. Alli conocimos 3 hippies chilenos entre los cuales una tal Paloma Paz, excéntrica artista santiagueña que monstro pronto una linda voz, una mentalidad abierta y una sexualidad disinibida. Durante todo esto, todos estábamos, quien mas y quien meno y cada uno según su estilo, encarándonos a Nanna.
Contactamos la agencia mas barata de la ciudad para organizar el cruze del desierto y cuando nuestras condiciones de salud lo permitieron, flacos y palidos, salimos con un 4X4. Yo se muy poco de coches, pero tuve varia experiencias en Africa con los 4X4 y con los problemas mecanicos que estos pueden presentar. Pronostique que el coche con el cual se estaba viajando no llegaria a destinación y no me equivoque. Al caher de la noche estábamos los seis (Kelo, Alberto, Christophe, Nanna, su amigo y jo), mas el choffeur y una cocinera en el desierto con el coche roto. Nos levanto todos (a parte el choffeur que prometió volver a buscarnos) otro 4X4, después de una larga negociación que tenia por objeto el abandonar o el llegar con nosotros las mochillas. Prevalio nuestra posición: traerlas igual también si implicaba viajar como sardinas en una cajita. Llegamos en un refugio al medio del sal y allí empiezamos a esperar. Pasaron dos días y, por fin, llego otro coche: el rescate. Ni tuvimos tiempos de
arrancar que pinchamos una rueda quedando sin rueda de emergencia. Pero el viaje desde
este momento, siguió sin problemas. Bueno, a pesar de las pequeñas complicaciones, fue un viaje increíble atravez de salares, desiertos de arena, medanos, desierto de piedras, flamencos, lagunas coloradas, lagunas con agua caliente, lagunas que cambiaban de color durante el días,lagunas con icebergs de sal, volcanes, nieve, gaisers, piedras que el acion de los elementos había transformado en esculturas… y al final… la frontera Chilena, el momento de escambiarse los datos, decirse hasta luego y irse cada uno por su camino. Yo fui en San Pedro de Atacama con Alberto y el francés.
El Kelo volvio con los Daneses y con dirección Rosario (sin un mango).
Cuando dos años después visite Rosario, entente de comunicar con el, pero descubri que no tenia un mail correcto. Asi que, cuando empieze a quedarme en Rosario mas tiempo ni sabia de la existencia del Rosario Inn. Hasta que un dia, cuando vivía en Mexico, pase por Rosario y un amigo de otro hostel donde paraba me pregunto de acompañarlo al Rosario Inn donde tenia que juntarse con unas minas. Acepte y al entrar quien veho? Mi amigo Kelo atrás del banco de la recepción. De este momento mi visitas en Rosario se pusieron mas regulares y el Rosario Inn es ahora mi principal punto de referencia en Argentina.
Matteo.
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